CORRESPONSAL ITINERANTE

En tránsito por los lugares de siempre
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jueves, 8 de octubre de 2009

Esos ojitos


¡Qué feliz la tortuguita!

miércoles, 30 de septiembre de 2009

6 feet over

Hoy es uno de esos días que ando medio dormida por cualquier rincón, que me salen agujetas furtivas sin haber hecho ningún esfuerzo aparente, que me duele la cabeza a ratos y hablo como el niño del Vicks VapoRub... que me pongo ñoña, vamos. Y que se me han acabado las vacaciones.

Y eso que mis vacaciones suelen ser lo más parecido a mis días libres, sosa que es una. Y maruja. No he hecho gran cosa en estas tres semanas y he estado perfecta hasta hoy que me ha entrado esta cursilería en el cuerpo.

El caso es que cuando me sumerjo en esta clase de estados, se me suele ir la cabeza por derroteros absurdos. Y es así como hoy le explicaba a Kheldar mi creciente inquietud por las actividades funerarias de los gorriones.

¿Cuántos gorriones puede haber en una ciudad?¿Miles?¿Cientos de miles? Siempre los vemos revolotear entre las mesas de las terrazas y para mí que son muchos. ¿Y cuál es el depredador natural de los gorriones? Probablemente los gatos, pero es que tampoco veo yo tantos como para ser el azote de la población gorrionil. Así que suponiendo que unos pocos mueren a garras de los gatos callejeros, el resto debe morir por causas naturales, ya sean enfermedades o por la edad. Que me ilustre el que sepa más del tema, por favor.

Siendo esto último y teniendo en cuenta el enorme número de estos animalitos que existen en la ciudad... ¿por qué no vemos cadáveres de gorriones fulminados a los pies de los árboles, en los parques, en las calles...? ¿Es que tienen un santuario?¿Dónde queda?¿Se autodestruyen cuando mueren?¿Existe una mafia entre los pajaritos que se deshace de los cuerpos eficientemente?¿Tienen la decencia de morirse dentro de los límites de sus nidos para no molestar a los viandantes?...

¡Es que me corroe la curiosidad!

jueves, 2 de abril de 2009

Privilegios de profesión

Ser azofaifa tiene muchas ventajas.

Viajas mucho y ves mundo.
Te relacionas con gente de todas partes y aprendes mucho de ellos y de sus culturas.
Los billetes de avión te salen tirados de precio.
Puedes meterte en cualquier rincón del avión sin que nadie te mire raro.

Son sólo unos pocos ejemplos.

Pero lo que no me esperaba era poder hacerle calvos al mundo.
Sí, calvos.
El otro día nos cambiaron la configuración del 747 que íbamos a volar en el último minuto. Nah, la diferencia era que habría un compartimento de primera clase, lo demás seguía igual. Pero con lo que yo no contaba era con que los aseos de primera clase tendrían ventanillas.

Al principio se presentó como una ventanilla ahumada, para poder salvaguardar tu intimidad. Pero cual fue mi mayúscula sorpresa cuando descubrí un botoncito que hacía que la ventanilla pasase de un estado ahumado a otro transparente.
Ya no sé si es el rollo tecnológico lo que más me emocionó o el hecho de poder ver el exterior mientras hacía un pis.

Y después de hacer el ganso con el botoncito en plan "ahora me ves, ahora no me ves" caí en la cuenta del gran privilegio que es hacerle un calvo al mundo.

Porque se lo merece.
Por venganza.
Y porque a 30.000 pies de altura, al fin y al cabo, nadie te puede reconocer.

Muhahahahahaaaaaa!!!!!!

martes, 5 de agosto de 2008

Long live the babosa!

¿Qué haríais si os sintierais culpable de la muerte de un ser vivo? Yo, por lo menos, le dedico un blogmenaje. Ahí va, pequeña babosa, unas palabras hacia la ultratumba.

No quería hacerte daño pequeñita. Sólo quería devolverte a la jungla inofensiva de las ensaladas gigantes. ¿Coméis ensalada las babosas? Siento no haber sido más acertada en tus deseos. Siento haberme entrometido. Ni siquiera cuando te soplaba para evitar que cogieras el camino hacia mi comida pretendía hacerte daño. Durante media hora compartimos miradas, algún soplido que otro y una larga caminata errática sobre la mesa. Me gustaba tanto cuando olisqueabas el aire. ¿Te llegaba el olor a salsa de soja?Bailabas, de un lado a otro, sin son aparente y no te decidías a qué dirección ir. Hasta que se me acabó mi comida y tuve la fatal idea de decidir por ti, pensando que buscabas algo que echarte a tu diminuto estómago. De verdad que no debía haberte levantado hacia esa planta que parecía tan apetitosa. Eran unas hojas preciosas y a mi me resultaron muy atractivas. Pensé "¡A ella también debe parecerle un buen bocado!" ¡Qué error! Perdóname por haberte puesto encima de esa hoja, a un palmo de la mesa. Creí que te gustaría, que querrías comer... Ya ves, nosotros los humanos, siempre decidiendo por los demás. Entiendo tu impaciencia por llegar a la mesa. Al fin y al cabo ya estabas allí cuando yo llegué y te obligué a subirte a un lugar que no querías. Lo siento tantísimo. No pensé que no calcularías bien la distancia. Estaba observando el leve rastro de humedad que dejabas en tu camino hacia el borde de la hoja, sin pensar que te dirigías a tu perdición. Y lamento no haber tenido mejores reflejos cuando vi que te estirabas hacia el abismo, colgando de un fino hilo de baba. Nunca pensé que caerías, que el hilo se rompería. Me asusté, no lo dudes. Pensé que tendrías la situación controlada... pero me equivoqué. Mi pobrecita, estuviste un buen rato moviendo tu cabeza de un lado a otro, pero con tu cuerpo todo encogido. No me dejabas ver tus antenitas... te morías. ¡¡¡Y yo fui la culpable!!! ¡Si no te hubiese puesto en esa maldita hoja tan alta!
¿Qué podía hacer? Estuve observándote con la esperanza de que me sorprendieras y echases a andar como hacías cuando te vi por primera vez... pero no. Te desvanecías. Y te quedaste inmóvil. Seguí esperando, por si se trataba de una argucia tuya para alejarme de ti. Pero nada... Ni siquiera cuando por fin me atreví a tocarte... ¡nada! Estabas ahí toda encogida, inerte, y todo por mi culpa.
No quiero que te vayas sin saber que nunca quise eso para ti. Puedes ser una babosa menuda e insignificante para el resto de la humanidad, pero para mi fuiste una babosa simpática y adorable que me hizo compañía durante un largo rato un día de agosto.
Espero que ahora estés en un mundo hecho a tu medida, pequeñita.